Colaboraciones

Estreno espacio con una de las reflexiones escritas por mi gran amiga y Psicóloga Andrea Sánchez. Aprovecho para comentar que todo aquél que tenga inquietudes varias y ganas de escribir, podrá hacerlo aquí a “grito pelao” alto, claro y con toda libertad!

Abrimos debate…

¡Ahí va!

                                   

                               ¡Por la vida apagando fuegos!

Me faltan horas para hablar de lo que considero son temas interesantes, pero hoy me gustaría explicaros una anécdota cotidiana que seguro que muchos de vosotros habréis vivido en más de una ocasión.

Me encontraba con dos amigas, una de ellas  autora de este blog, charlando para variar y despidiéndonos durante más tiempo del estrictamente necesario, pero así somos nosotras.

Estábamos en una calle estrecha, de pie, en medio de la acera. Se acercó una pareja y la mujer, de muy malas maneras nos dijo que nos apartáramos, que estábamos en medio y cortándole el paso. Así era, objetivamente, no le faltaba razón. Pero la forma en la que se dirigió a nosotras, su tono, su expresión facial, nos hizo sentir como una piedra en el camino.

Como os digo, una situación insignificante, pero como todas las que a mí me dan alas para empezar a analizar…

¿No os pasa?

En la cultura y la sociedad individualista en la que vivimos parece que a diario nos vayamos encontrando piedras en el camino, como pollos sin cabeza, apagando fuegos constantemente. Como psicóloga pienso y entiendo la importancia de pensar en uno mismo, de cuidarse y mimarse, pero…

¿dónde queda el espacio para los demás?

Somos seres sociales, en constante interacción con los otros y una situación tan estúpida como esta me hace plantearme hasta qué punto cuidamos las relaciones con los demás, sean conocidos, seres queridos, o no. La pregunta que os planteo es ¿podemos comunicarnos mejor?  Y para ser más exacta…

¿Podemos ser conscientes de nuestra propia responsabilidad en las relaciones interpersonales?

Pues sí, desde mi punto de vista tenemos aún mucho trabajo que hacer en este sentido, y por supuesto me incluyo, igual llega el momento de desaprender para aprender, de conectar para comunicar.

La importancia de la comunicación reside en la capacidad de comprender la subjetividad del otro y tener la voluntad de hacerlo.

Jim Carrey dijo una vez: “el efecto que causas en los demás es la moneda más valiosa que hay en el mundo”.

Así que lanzo la pregunta…

¿Qué efecto quieres causar en todos aquellos que se cruzan contigo a diario?

 

humanidad_1

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